Dos solteronas poseen y atienden una farmacia,
que heredaron de su padre.
Un buen día entra un hombre y pide un condón.
Una de ellas le entrega uno de talla 42.
No… es muy pequeño.
Entonces le da uno de talla 44.
No… éste también es muy pequeño.
Busca y rebusca y le enseña uno de talla 54.
Tampoco me sirve… Sigue siendo pequeño.
La mujer le grita a su hermana:
¡Hermenegilda!… El señor necesita un condón de una talla
mayor que la 54… ¿Qué podemos ofrecerle?…
Antes cuando no querías ir a clase fingías estar enfermo. Ahora simplemente llaman a una empresa de demoliciones a ver si les pueden echar una mano.
Os enlazo el vídeo a youtube con la traducción porque no tiene desperdicio.
Y si por algún casual tenéis youtube capado, una alternativa. Un enlace para poder verlo en straming o descargarlo. También es posible que tengáis capadas estas opciones, pero que no se diga que no os damos facilidades para procrastinar.
Gracias a Jose por dejarme copiárselo de uno de sus millones de blogs
- Picoleto: Tiene cojones, me ha tocao el graciosillo de por la mañana,
¡venga enséñame el ‘deneis’ coño!, que te vi a meté un puro que se te va a
quitá la gana de juerga.
El primer hombre se casa con una madrileña. El día después de la boda le dijo que tenía que lavar los platos y que la casa tenía que estar super limpia, cada día. Al hombre le costó ver mejoras en la casa, un par de días, pero para el tercer día la casa ya estaba reluciente y los platos limpios y guardados.
El segundo hombre se casó con una mujer de Andalucia. El día después de la boda le dió órdenes de limpiar la casa a fondo, lavar los platos y cocinar bien. El primer día el hombre no vió ningún resultado, pero al día siguiente la mujer fue mejorando. Al tercer día, el hombre ya empezó a ver la casa súper limpia, los platos limpios y colocados en su sitio y un gran banquete en la mesa como cena.
El tercer hombre se casó con una mujer vasca. El día después de la boda le ordenó que la casa estuviera siempre impecable, los platos limpios y colocados en su sitio, la ropa lavada, doblada y planchada y la mesa puesta y la comida lista esperándolo cada día cuando él llegara de trabajar. El primer día él no vió nada, el segundo día tampoco vió nada. Para el tercer día, la hinchazón del ojo ya se le fue bajando y pudo ver un poco más por el ojo izquierdo, y el brazo ya no le dolía tanto y pudo prepararse un bocata él solito y vaciar el lavavajillas.
Paseaba un viejecito por el bosque cuando escuchó a sus pies una débil voz.
Se agachó y descubrió que quien le hablaba era una ranita:
-Soy una princesa hermosa, erótica y sensual, diestra en todos los placeres de la carne y el amor. La reina mala, envidiosa de mis encantos, me convirtió en rana, pero sí me das un beso, volveré a ser quien era y te daré todos los goces y deleites que mi voluptuoso temperamento y mi ardiente
concupiscencia pueden producir.
El viejito levanta la rana y se la echa en el bolsillo. Asoma la cabeza la ranita y le pregunta muy desconcertada:
-¿Qué? ¿No me vas a besar? -¡No! - Respondió el viejecito - A mí edad es
más divertido tener una rana que habla, que una maniática sexual